Saqué mi cabeza fuera otra vez. Tuve que romper el suelo y salir, crear un lago en medio del desierto, explotarme y manchar todo de colores.
Tuve que arrancarme las uñas de rasgar, evadirme del dolor y aguantar.
Hoy estoy fuera y me paro al borde de aquellas grietas y miro hacia abajo, veo en aquel lago mi reflejo, veo mi cara cansada, gastada, tranquila, viva...
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